LOS FANTASMAS DE LA PLAZA MAYOR

LA PLAZA MAYOR

En el siglo XVI ya era conocida como la “Plaza del Arrabal”. Las actuales Calle Toledo y Atocha, a pesar de ser hoy en día céntricas, en aquellas épocas estaban a las afueras y confluían en la plaza. En el siglo XVI era el mercado principal de La Villa y los madrileños se daban cita en sus desvencijados puestos para hacer todo tipo de compras. En 1561, ya siendo capital de España Madrid, Felipe II encargó un proyecto de remodelación a Juan de Herrera. El primer edificio que se construyó en la Plaza fue “La Casa de la Panadería”. Ya en el año 1617,  Felipe III encargó la finalización de las obras a Juan Gómez Mora y estas concluirían dos años después.

 

A lo largo de su existencia, la Plaza Mayor ha padecido tres graves incendios.  El primero de ellos ocurrió el 7 de Junio de 1.631 a los pocos años de su inauguración y devastando gran parte de la Plaza. Fallecieron varias personas y duró hasta el día 11, en que fue totalmente extinguido. El arquitecto Juan Gómez Mora, se encargó de su reconstrucción. El segundo de los incendios sucedió el 20 de Agosto de 1672, fue una horrible catástrofe para la plaza, fallecieron varios vecinos de las casas colindantes y algunos de sus edificios más pintorescos, fueron arrasados por las llamas. El arquitecto Tomás Román, fue el encargado de esta segunda reconstrucción. El último de los incendios y que casi hace desaparecer la Plaza, fue el 16 de Agosto de 1790.  Un tercio de ella fue destruido y el propio Sabatini, arquitecto de la corte, dirigió las labores de extinción. Su reconstrucción fue encargada a Juan de Villanueva, durando las obras más de cincuenta años, y continuándola, tras la muerte de Villanueva, Antonio López Aguado y Custodio Moreno. Las obras concluirían en el año 1854 y en el transcurso de las mismas, en 1848, se colocó la estatua ecuestre de Felipe III en el centro de la plaza, por orden de Isabel II. La estatua data del año 1616, siendo esculpida por Juan de Bolonia y Pietro Tacca.

En 1880, se restauró la Casa de la Panadería, encargándose Joaquín María de la Vega del proyecto. En los años 60 se acometió una restauración general, se cerró la plaza al tráfico rodado y se construyó un aparcamiento subterráneo bajo la plaza. La última de las actuaciones en la plaza Mayor, llevada a cabo en 1992, consistió en la decoración mural, obra de Carlos Franco, de la Casa de la Panadería, que representa personajes de la mitología griega.

         LOS ESPECTROS DE LOS EJECUTADOS

La leyenda se empezó a gestar en el siglo XVII después del primer incendio en 1.631.  Aquel  incendio devastó más de cincuenta casas y casi toda la plaza, el fuego duró tres días y los vecinos aseguraban que tuvo dos focos. Los madrileños, totalmente amedrentados por los ajusticiamientos que se habían visto en los últimos años, pensaron que los demonios de los reos y las hordas diabólicas, eran los causantes de la desgracia, por lo que trajeron las imágenes de las vírgenes y santos más milagrosos para que por obra divina cesara el incendio. Y así ocurrió, las llamas se extinguieron milagrosamente. Bueno, eso dicen las crónicas, la realidad es que los madrileños y las autoridades de la época, hicieron lo demás. También se decía, que algunos habían visto los fantasmas de los reos paseando por las inmediaciones y a raíz de las muertes acontecidas  por los incendios, muchos otros decían percibir un olor a  chamusquina y ver el espectro de alguno de sus vecinos, fallecidos a causa de las llamas. Espectros paseando por la noche sin ningún pudor, extraños lamentos nocturnos,  cambios de temperatura y percepción de malos olores, era algo habitual en siglos pasados.

Actualmente, con todo el movimiento que tiene la plaza, la iluminación y el ruido, quizá no tengamos la percepción necesaria para toparnos con lo extraño, pero en el interior de las viviendas que la rodean, en los pisos y áticos, las percepciones son distintas y todavía hay personas que notan sensaciones extrañas y viven curiosos fenómenos de los que desconocen la causa, hablando de ellos, con cierto estupor