Como siempre Madrid nos sorprende con grandes leyendas. Leyendas que actualmente se repiten y son muy similares, pero en este caso nos remontamos al siglo XIX, la leyenda la he conocido a través de un investigador sevillano llamado Ángel Rivero, Webmaster de la Web http://www.looculto.tk . Me parece que estoy hablando muy deprisa, leyenda o realidad, eso nunca lo sabremos pero en las tradiciones de la zona del barrio de Sevilla no es de extrañar, la zona es propicia a los fenómenos paranormales, a las espaldas de la Iglesia de San José, en la Calle de Alcalá 41, es donde esta ubicada esta historia, donde se encuentra el campanario una finca y una calle, la separa de la famosa casa de las siete chimeneas, bajando llegas a la plaza de Cibeles, lugar encantado por excelencia, con edificios emblemáticos como los ya contados en esta Web, Palacio de Linares (Actual Casa de América), Banco de España, Cibeles con su bunker debajo, la caja del banco de España sumergida bajo las aguas, el palacio de correos. Una zona donde fluyen tres corrientes subterráneas, una zona marcada por las leyendas de fenómenos paranormales y misterios sin resolver.
Pero la leyenda que trato en esta página gracias a Ángel es muy similar a una leyenda urbana actual como ya os he dicho antes, por lo que la historia me parece de lo mas interesante, ya que la similitud es increíble y porque no podría ser la pionera en la famosa leyenda de como la llamo yo cariñosamente ¡no me lo copiéis! “Una noche con la extraña compañía”


UNA NOCHE CON LA EXTRAÑA COMPAÑÍA


Nos remontamos a mediados del siglo XIX en épocas de carnaval, trajes con mascaras, disfraces. Doña cuaresma estaba haciendo de las suyas y los momentos en España eran de paz, la fiesta era notoria en toda la ciudad.
Estamos remontándonos al año 1853 aproximadamente, las fechas serían del 06 de Febrero al 13 de Febrero, en la noche del 12 de Febrero la celebración y la algarabía se sentía en toda la ciudad, Madrid siempre ha sido lugar de fiestas nocturnas, si no que se lo cuenten a varios de nuestros mejores literatos, Lope de Vega, Quevedo y muchos otros, que aparte de ser juerguistas eran hábiles con la espada. Pero para no irnos a otros menesteres, vamos a continuar con esta bella historia.


En una de las muchas fiestas que había en carnavales de 1838, había una fiesta en la que se encontraban gente de la nobleza de Madrid, con embajadores de varios lugares, entre ellos se encontraba un joven extranjero la procedencia no se sabe bien, pero parece ser que era ingles, este hombre aunque estaba en la fiesta bebiendo y alternando, se le veía solo y aburrido ya que conversar conversaba mas bien poco por desconocer el idioma. A este joven le vamos a llamar John.
Cuando John estaba apunto de irse y eran sobre las 20:00 , desde lejos observo a una bella mujer, con pelo negro liso largo, un vestido blanco y la piel clara, pero de una belleza abrumadora. El nada mas verla se quedó prendado.
Ella a la que la vamos a llamar Elena, parecía estar igual que el joven, sola y medio aburrida, como por arte del destino el resbaladizo Cupido, hizo que la flecha cayera en ellos, por señas comenzaron a charlar, luego al parecer Elena sabía hablar un poco de ingles, y se fueron comunicando mejor, pasaron la noche de maravilla, bailando charlando, y hasta algunas pruebas de amor, y miradas de complicidad hubo entre ellos, ya cuando comenzó a ser tarde y termino la fiesta.
John y Elena continuaron charlando hasta que ella le dijo que se tenía que ir hacia la Iglesia de San José, que si hacía el favor de acompañarla. El joven extrañado la acompaño hasta la Iglesia situada en la Calle de Alcalá Nº 41, entraron en la Iglesia Elena estaba rara, muy nerviosa, la mirada se la había quedado como helada, la tez la había lividecido, y la voz se la entrecortaba.


John cariño tengo que irme, tengo que despedirme de ti aquí mi amor, tengo que marcharme ya.
Elena amor mío puedo verte otro día,
Corazón si me he metido aquí es por una causa muy grabe cariño mío es difícil de entender, pero mañana se celebrará aquí mi funeral
El joven pensando que lo que pasaba que no quería volverle a ver se fue bastante decepcionado y triste pensando en que jamás la volvería a ver y se confundió. La volvió a ver.


Elena desapareció entre los oscuros pasillos de la iglesia dándole un beso en la mejilla a John al que le entro como un escalofrío por todo el cuerpo.
A la mañana siguiente con ansias de ver a Elena se fue corriendo a primera hora de la mañana a la Iglesia de San José a hablar con el párroco, que seguro que era alguna sirvienta o alguna sobrina del mismo, cuando llegó se encontró con que había un funeral de cuerpo presente, el féretro presidía la iglesia entro como pudo y se quito el sombrero, vio como mucha gente iba acercándose al ataúd e iban dejando flores, encendiendo velas y llantos de familiares y amigos.
Una joven pasó por el lado de nuestro protagonista llorando desconsolada, la pregunto que a que venía tanta pena, que había mucha gente joven que quien se había muerto. Ella muy triste dijo mi prima Elena, Elena de Mendoza, mi mejor amiga.


John en esos momentos se le puso un sudor frío, el pulso empezó a subir, el corazón palpitaba cada vez mas fuerte y recordó “Nunca me volverás a ver mañana es mi funeral”, el joven aun pensando que sería alguna casualidad alguna broma de mal gusto, se acerco hacia el féretro para comprobar que en el se encontraba esa bella mujer morena, con un largo liso pelo, esa tez clara y con una belleza divina, su amada Elena.
El joven enmudeció, le dieron como unos vahídos, le temblaron las piernas y tubo que ser ayudado para salir a la calle.
Al estar fuera tomando el aire, vio a la chica que salía tan melancólica, y esta le preguntó que como es que había venido que cuando había conocido a su prima, que ellas le conocían de verle y a su prima le gustaba mucho, que la había sorprendido, el joven respondió que esa misma noche, ella con cara de pánico dijo imposible mi prima murió a las 20:00 h el impresionado dijo a esa hora fue cuando la vi yo por primera vez en la fiesta.