Juan Caramuel Lobkovitz

Una de tantas otras noches encendía la radio para escuchar la Rosa de los Vientos, nos remontamos al año 2007 o 2008, un madrileño era el protagonista de la “Zona Cero”, Juan Caramuel, con una vida apasionante, con una mente inigualable, inventor, matemático, teólogo, hablaba más de 27 idiomas vamos un ERUDITO en toda regla. Como lo que ha pasado siempre en nuestro país en los dos últimos siglos, nuestros mejores cerebros olvidados e ignorados por casi todo el mundo, parece que renegamos de nuestra historia, de nuestra maravillosa historia, todos los países orgullosos, aquí humillados, (¡Malditos cobardes y resentidos!). Juan Caramuel fue una de la personalidades más notables en Europa y el mundo de su época el Siglo XVII y actualmente no aparece en ningún texto histórico educativo, ni literario su nombre. Habiendo escrito más libros que muchos de los escritores con renombre de nuestro país, y habiendo sido el propulsor de muchos avances para la humanidad, este gran genio olvidado injustamente. Años más tarde me propongo  escribir sobre Caramuel también por una casualidad. Buscando unos datos en hemerotecas sobre un caso que estoy investigando de siglos pasados, me encuentro algo de Juan Caramuel y me vuelvo a acordar de este madrileño “ignorado” y al tener mucho que ver los datos con los que estoy buscando me ha parecido correcto compartir con todos vosotros parte de la vida y milagros de Juan Caramuel esa mente privilegiada del siglo XVII.

 

BIOGRAFÍA DE JUAN CARAMUEL LOBKOVITZ

Juan Caramuel Lobkovitz
Un genio nacido en Madrid.

Entre las biografías más antiguas que me he encontrado se encuentra la que salió en  el Diario curioso, erudito, económico y comercial. 28/1/1787.

En esta publicación te dicen que Caramuel era hijo de Lorenzo Caramuel Lobkovitz natural de Bohemia y que este vino a la Corte como ingeniero, que su madre era natural de Flandes y se llamaba Catalina de Frisia, en otras muchas publicaciones posteriores lo mismo, en la publicación de El Heraldo militar (Madrid). 25/4/1918 también nos dicen la misma procedencia de los padres de Juan Caramuel, pero aquí omiten el segundo apellido del padre “Lobkovitz”, pero la procedencia es la misma. En otras páginas de internet lo tienen invertido, es decir el padre es flamenco y la madre bohemia, por ejemplo en la biografía de Wikipedia. En lo que sí coinciden todas es de catalogar a este genio como una de las mentes más lúcidas de su época.

Nació en Madrid el 23 de Mayo de 1606, hijo de Lorenzo Caramuel Lobkovitz, natural de Bohemia, y de Catalina de Frisia, natural de Flandes. Su padre vino a Madrid como ingeniero.  Ya siendo muy pequeño se interesó por la astronomía y las matemáticas, su propio padre le instruyó en estas materias. A los doce años componía tablas astronómicas. Estudió humanidades y filosofía en la Universidad de Alcalá, donde conoció primero como profesor y luego como compañero al erudito, Juan Eusebio Nieremberg, llegando a ser grandes amigos.  Forjó una gran amistad con los sabios cistercienses Benito y Atanaslo Cuclús y Crisóstomo Cabero, sintiendo inclinaciones religiosas decidió formar parte de la Orden Cisterciense, vistiendo el hábito en el Monasterio de la Santa Espina (cerca de Medina de Rioseco Valladolid); estudió filosofía en el Colegio monasterio de Monte de Rama, Orense, y en teología en el de Santa María del Destierro, en Salamanca. Amante de las lenguas, llegó a dominar y hablar una veintena. Fue profesor de su orden en los colegios de Alcalá y Palazuelos (Valladolid); viajó a Portugal, y a Bélgica en 1632. Estudió teología en Lovaina (1638) en donde recibió el grado de doctor en Teología, dedicándose a la enseñanza a satisfacción de alumnos y con aplauso de sus superiores. Allí discutió sobre la seguridad del probalismo, con Liberto Fromondo, siendo el primero que descubrió los errores de Jansenio y dio aviso a los demás doctores católicos, a pesar de lo cual le fue arrebatada dicha gloria por los mismos a quienes advirtió No sólo fue admirado como defensor de la fe, sino también como esforzado varón y valiente soldado. Cercados por un numeroso ejército de holandeses y franceses, fue uno de los principales genios a quien debió su salvación la ciudad, ideando y diseñando una muralla y defensa que no pudo ser derribada por los asediadores, declarándolo así el Infante cardenal don Fernando de Austria. Felipe IV le honró con la Abadía y Condado de Mebrosaen Brabante, y su orden le hizo vicario general de Inglaterra, Escocia e Irlanda; luego fue abad de San Dlsibodo en el Palatinado, en donde Anselmo Casimiro, arzobispo elector de Maguncia, le hizo su coadjutor con el título de obispo de Miseá, hasta que, llamado por el Emperador Fernando 111 de Viena, le confió la Abadía de los célebres monasterios de Monserrat, de la orden de San Benito, existentes en Viena y Praga, Oe la primera de las ciudades pasó a la segunda con el Cardenal Harrache, que lo hizo su vicario general. Defendió en este destino la ciudad, y el emperador Fernando lo premió con un collar de oro igual al que concedía a los generales. Hecha la paz en Alemania fue nombrado predicador, y atrajo y convirtió a vanos miles de bohemios, como consta en la carta que el cardenal Harrache escribió al Papa Alejandro VII. El emperador, queriendo premiar aún más sus servicios, le hizo obispo de Rocas, y más tarde, en 1655, lo fue de iprés y K.oenisgrebz. El citado Papa Alejandro VII, considerándola necesario, por sus virtudes y su talento, lo llevó a su lado dándole el obispado de Compañía, en Nápoles; después el Arzobispado de Tarento, y por último, el Obispado de Bejeven, en Milán, en donde terminó su vida el 7 de Septiembre de 1681 y sepultado en la capilla del Sagrario de la Catedral Fue eminentísimo hombre, religioso, abad, obispo, ingeniero e intendente de las fortificaciones de Bohemia y mereció grandes distinciones del conde de Peñaranda, que lo llevó consigo a Frankfort el año 1688.

Nada escapó a su omnímoda curiosidad, de suerte que por su espíritu enciclopédico ha llegado a llamársele el Leibniz español. Fue ante todo un generalista y nunca abordó un tema, cualquiera que este fuese, sin replantearse sus fundamentos teóricos desde todas las perspectivas posibles como un típico homo universalis: Caramuel se interesó y escribió sobre la lengua, la literatura en general y el teatro y la poesía en particular, la pedagogía, la criptografía, la filosofía y la teología, la historia y la política de su tiempo, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura, las matemáticas, la física, la astronomía, etc.

 

La obra de Caramuel fue cuantiosa, variada y dispersa (se le atribuyen doscientos sesenta y dos títulos, entre ellos sesenta impresos). Políglota (Nicolás Antonio le atribuye poseer latín, griego, árabe, siríaco, hebreo, chino, etc.) y de inteligencia superdotada, era capaz de componer y de hecho compuso complejos enigmas lingüísticos y juegos barrocos de ingenio (por caso, su Primus calamus ob oculos ponens metametricam quæ… multiformes labyrinthos exornat, Romæ: Fabius Falconius, 1663), pese a lo cual también aplicó su talento a ahondar en terrenos científicos como la teoría de la probabilidad, dando pasos en la dirección correcta hacia la formulación de Pascal, quien seguramente se inspiró en su «Kybeia, quæ combinatoriæ genus est, de alea et ludis Fortunæ serio disputans» (1670), un tratadito de veintidós páginas incluso en su Mathesis biceps que representa el segundo tratado sobre cálculo de probabilidades de la historia después del De ratiociniis in ludo aleæ (1656) de Huygens. En el tratado de Caramuel se estudian distintos juegos y el problema de la división de las apuestas.

Una de las obras de Juan Caramuel.
Una de las obras de Juan Caramuel.

 

También se le debe la primera descripción impresa del sistema binario en su Mathesis biceps (Campaniæ, 1670, pp. 45–48), como afirma Donald E. Knuth (The Art of Computer Programming II: Seminumerical Algorithms, p. 183), en lo que se adelantó treinta años a Leibniz, su más famoso divulgador. Explicó allí el principio general de los números en base n, destacando las ventajas de utilizar bases distintas de la 10 para resolver algunos problemas. Fue también el primer español que publicó una tabla de logaritmos, según David Fernández Diéguez.2 El sistema de logaritmos que desarrolló fue en base 109, donde log 1010 = 0 y log 1 = 0. Otra de sus aportaciones científicas fue, en astronomía, un método para determinar la longitud utilizando la posición de la Luna. En trigonometría, propuso un método nuevo para la trisección de un ángulo.

 

Como lingüista le preocupó la creación de una lengua universal, sobre lo cual sostuvo una animada correspondencia con el jesuita Athanasius Kircher, al que preocupaba lo mismo; eso les llevó a interesarse por el chino. El creador del esperanto, L. L. Zamenhof, cita a ambos en su libro Fundamenta Krestomatio, entre los precursores de la idea de lengua universal. La mayor parte de su obra en cuestión de gramática, lingüística, retórica y literatura se encuentra en su ya citado Primus calamus…, impreso cuidadosamente en 1663 en Roma en cinco talleres diferentes bajo la supervisión del autor, ya que abunda en calcografías y fue necesario esculpir en bronce las láminas de los laberintos (pese a lo cual algunas no llegaron a introducirse, aunque sí los textos que las explican) y fundir en plomo los numerosos caracteres raros, enigmas, logogrifos, logogramas multilingües, símbolos, alegorías, caligramas y anagramas que contiene. La obra prefigura la poesía figurativa del cubismo literario, y se compone de treinta y dos libros, repartidos en tres partes: una gramática, una métrica o Rhytmica y la Metametrica propiamente dicha, que constituye de hecho una obra aparte y que puede desconcertar al cerebro más privilegiado, como que es una de las obras capitales de la disciplina ludolingüística, llevando a su extremo los extravíos manieristas de Rengifo. En Primus calamus puso su autor una gran ilusión, pues algunos de los enigmas que aparecen en ella ya los había compuesto cuando era un niño de diez años y algunas de las planchas que se utilizaron para la impresión están firmadas decenas de años antes en varios países diferentes.

 

Syntagma de arte typographica, opúsculo inserto en el cuarto tomo de su Theologia moralis fundamentalis (Lyon, 1694) trata sobre tipografía e imprenta, y es el primer tratado sobre esta materia escrito por un español y reimpreso en versión bilingüe (Syntagma de arte typographica. Tratado del arte tipográfico y de los deberes de cuantos publican libros o participan en su edición. Salamanca, Instituto de Historia del Libro y la Lectura, 2004).

 

Sobre arquitectura escribió en español su Architectura civil, recta y obliqua (Vigevano, 1678). Se trata de una obra especulativa y destinada al lector entendido en los temas objeto de debate; por eso es difícil de llevar a la práctica por más que la obra se halle ilustrada con calcografías que el autor agrupa en el último tomo y que él mismo diseñó y tardó más de cuarenta años en hacerlas esculpir y grabar. Su origen se encuentra en una obra suya anterior, la Mathesis architectonica, publicada en latín, que constituye la tercera parte de su Cursus mathematicus (1667–1668), que tradujo al castellano en una versión ampliada en 1678. Diseñó además la fachada de la catedral de Vigevano (1680), transformando el conjunto renacentista de la Piazza Ducale.

 

Gran conocedor de la lengua hebrea y árabe, escribió una refutación del Corán y también una gramática del chino.

Un madrileño realmente interesante, un español de pro, que debería estar en todos los libros de historia, para no olvidar todo lo que hizo y todo lo que dejó a la humanidad.

 

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